¿Sabías que el ajedrez ayuda a resolver problemas?

 

 

En una partida de ajedrez cada jugada es un problema distinto y ambos jugadores buscan resolverlo de la mejor forma posible. Muchos ajedrecistas han señalado que una partida brinda un entorno inmejorable para entender y mejorar la manera en que tomamos esas decisiones.

Final del cuadrangular GM UNAM 016. Foto: Manuel Azuaga

En palabras de Garry Kasparov: “debido a su reducido ámbito, el ajedrez proporciona un modelo muy versátil acerca de la toma de decisiones. En el ajedrez, el éxito y fracaso se miden con patrones muy estrictos. Si te equivocas en las decisiones, tu posición se debilita y el péndulo oscila hacia la derrota; si aciertas, se mueve hacia la victoria. Cada uno de los movimientos es el reflejo de una decisión, y, con el tiempo suficiente, podría analizarse con perfección científica si esa decisión fue la más eficaz o no”.

El joven que juega con frecuencia al ajedrez está entrenando su cerebro de forma natural para la resolución continua y eficaz de problemas, adoptando al mismo tiempo un patrón, un esquema mental orientado a buscar soluciones. De ahí que podamos establecer una relación directa entre la práctica del ajedrez y un mejor resultado académico en matemáticas, disciplina en la que el joven también debe resolver problemas de forma sistemática.

En diversos estudios realizados entre escolares de educación básica se ha encontrado diferencias importantes entre aquellos niños que reciben clases de ajedrez y el resto, sobre todo en la solución de problemas y en las actividades que requieren ajuste y cambio del foco atencional, dando una perspectiva de la incidencia favorable del ajedrez en las funciones ejecutivas, que como se sabe, son centrales en el proceso de escolarización.

El pensamiento en desarrollo le permite a los niños ya en la edad de preescolar prever con antelación los resultados de sus acciones y planearlas. A medida que se desarrolla el afán de conocimientos y los intereses de los niños, el pensamiento se va utilizando cada vez más ampliamente para adquirir un conocimiento del mundo circundante.

El niño comienza a planear tareas cognoscitivas, le busca su explicación a los fenómenos que observa. Los preescolares realizan análisis peculiares para encontrarle explicación a las cuestiones que les interesen, analizan los fenómenos, discuten acerca de ellos y hacen sus conclusiones, y al final de la edad preescolar los niños ya son capaces de resolver tareas de bastante dificultad.

El ajedrez impone la necesidad de una generalización adecuada, basada en lo sustancial y no en lo superfluo. Si el jugador no capta correctamente la esencia de la posición y elige un plan inadecuado, esto puede afectar negativamente el equilibrio de la lucha e incluso el resultado de la partida. De ahí que el ajedrecista recibe una retroalimentación bastante inmediata de la corrección y exactitud de sus planes y valoraciones.

Los beneficios intelectuales del ajedrez no terminan aquí. La práctica del juego puede convertirse en un ejercicio para el desarrollo de algunas particularidades individuales del pensamiento. El hecho de ser un actividad individual, donde el jugador debe tomar constantemente sus propias decisiones, contribuye a desarrollar la capacidad de plantearse el nuevo problema y de resolverlo con las propias fuerzas. A esto se le ha llamado independencia de pensamiento y es en ella donde se manifiesta el carácter creador del mismo.

El ajedrez también es de gran ayuda para el desarrollo de la flexibilidad del pensamiento, que consiste en la capacidad de cambiar el camino tomado inicialmente (el plan) para resolver la tarea, si el mismo no satisface los requerimientos de la situación.

La solución adecuada de problemas definirá la personalidad del individuo. Por ejemplo, se dice que el ajedrez ayuda a tomar decisiones, pues el jugador se enfrenta durante la partida a continuas situaciones problemáticas que debe resolver por sí mismo. Para ello debe evaluar previamente las diversas posibilidades, o sea, tomar determinadas garantías de seguridad antes de elegir una alternativa.

La necesidad de aplicar sucesivamente en la partida las decisiones tomadas (sacrificar una pieza, llevar a cabo determinado plan) contribuye a modelar la voluntad, a formar un carácter resuelto y a estabilizar las emociones.

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¿Sabías que el Ajedrez favorece a desarrollar capacidades de análisis y síntesis?

Análisis y síntesis 

 Análisis y síntesis son dos procesos mentales complementarios y fundamentales en el estudio de las realidades complejas.

Estructuralmente todo el pensamiento constituye una actividad analítico-sintética, por lo que el análisis y la síntesis, en distintos grados, constituyen la base de otras operaciones a un nivel superior de complejidad: la comparación, la abstracción, la generalización y la concreción.

Según S. L. Rubinstein, en sus Principios de psicología general, “el análisis es la descomposición mental de un objeto, fenómeno o de una situación, así como la elaboración de sus elementos, partes, datos o aspectos. Mediante el análisis se abstraen los fenómenos de los nexos fortuitos e intrascendentes, en los que a veces no son dados en la percepción. La síntesis reconstruye el todo desmembrado por el análisis, descubriendo los nexos y relaciones esenciales de los elementos que han sido aislados por el análisis”.

Durante el proceso de asimilación de los conocimientos ajedrecísticos el escolar debe ejecutar mentalmente las operaciones racionales, sin las cuales no podría comprender el contenido. Por ejemplo, ante un problema el jugador de ajedrez deberá analizar cada uno de los datos que se le brindan el problema y los elementos que están presentes (análisis), y además de ello comprender cómo se relacionan los datos o elementos del problema integralmente (síntesis).

El análisis descompone el problema; la síntesis vuelve a reunir cada uno de los datos a los fines de su resolución. Con el análisis y la síntesis, el pensamiento pasa de una representación más o menos vaga de un objeto al concepto o a la idea, en los cuales se sacan analíticamente a la luz sus elementos principales y se descubren sintéticamente los nexos esenciales del todo.

El análisis y la síntesis en el ajedrez contemporáneo, destaca Shereshevsky (1996) y la evaluación de tal o cual posición imprecisa están íntimamente relacionados con la elección del plan, que ya vimos antes. Cuanto más profunda y exactamente el ajedrecista analiza las posiciones críticas de la apertura o del medio juego tanto más difíciles son las partidas prácticas para sus rivales. Con la ayuda del análisis, pues, se logra revelar la esencia concreta de una posición y trazar un plan acertado mucho más eficazmente que por medio de la evaluación general de la posición.

El análisis permite separar de una realidad elementos aislados hasta llegar a conocer y comprender su naturaleza. Durante una partida de ajedrez el jugador enfrenta múltiples alternativas y variantes en cada jugada, y debe responder adecuadamente a las amenazas del adversario, trazando al mismo tiempo una línea que le coloque en conflicto. Esto obliga a analizar múltiples opciones y escenarios de réplica que precisan un serio ejercicio de síntesis. Este ejercicio permanente y continuado, desarrolla de manera natural un acentuado adiestramiento que amplifica la capacidad de análisis y síntesis, perfeccionando el pensamiento crítico y las habilidades para la toma de decisiones.

El ajedrecista se encuentra en cada jugada ante la necesidad de contrarrestar los planes del adversario y amenazar con algún contrajuego. Pero con mucha frecuencia pueden ser varias las respuestas a las maniobras del contrincante. Así, el jugador tiene que analizar cada una y sintetizar cuál cumple los requisitos. Y esto es así durante las treinta o cuarenta movimientos de una partida.

Después de algún tiempo, y con la práctica quienes se inician en el ajedrez pueden lograr combinaciones de tres movimientos, lo que es un logro notable pues significa que cada jugada tiene más de una respuesta y es un ejemplo nítido de planificación, análisis y síntesis.

Decía Roberto Grau, en su Tratado general de ajedrez, que el juego “es una escuela de razonamiento… en la que el hombre joven se habitúa a razonar, a sacar conclusiones, a desconfiar del primer impulso, y especialmente a sintetizar su labor mental para crear el saldo de la misma: la respuesta justa. En esto el ajedrez alecciona a la vez que entretiene”.

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EL AJEDREZ Y LA CAPACIDAD INTELECTUAL

Capacidad intelectual

Desde la opinión de Goethe según la cual “este juego es un campo experimental de pruebas para el cerebro”, hasta la diatriba de uno de sus máximos exponente, José Raúl Capablanca, quien aseguraba que para jugar ajedrez no se necesita inteligencia”, de todas maneras en el imaginario popular el ajedrez ha sido visto como un juego para superdotados y para personas con un elevado cociente intelectual. Pero lo anterior no es del todo cierto.

Los diccionarios definen la inteligencia con una lista de aptitudes y habilidades: “Capacidad de entender o comprender. Capacidad de resolver problemas. Conocimiento, comprensión, acto de entender. Habilidad, destreza y experiencia.”

Para los académicos la inteligencia es la capacidad de asimilar, guardar, elaborar información y utilizarla para resolver problemas, cosa que también pueden hacer los animales e incluso los ordenadores.

Pero el ser humano va más allá. Controla y dirige sus operaciones mentales y todas las actividades que manejan información. El ser humano tiene la capacidad de integrar estas actividades mentales y de hacerlas voluntarias, como ocurre con nuestra atención o con el aprendizaje, que deja de ser automático como en los animales para focalizarlo hacia determinados objetivos.

Una definición aceptada de inteligencia dice que es “la aptitud que nos permite recoger información de nuestro interior y del mundo que nos circunda, para responder adecuadamente a las demandas de la vida cotidiana.

Los investigadores Bilalić, McLeod and Gobet en su artículo “Does chess need intelligence? A study with young chess players”, publicado en la revista Intelligence, en septiembre-octubre 2007, analizan la posible correlación entre inteligencia y habilidad para jugar al ajedrez. Estudiaron a 57 jugadores jóvenes tanto con un test de inteligencia, como midiendo sus años de experiencia y sus horas de práctica a la semana. Encontraron que la práctica es el factor más influyente en el rendimiento ajedrecístico, sin embargo la inteligencia es el siguiente factor que influye. Ahora bien, al escoger a los 23 mejores jugadores entre los 57, resulta que la inteligencia no es un factor significativo en los resultados, incluso, parece que ¡se correlaciona negativamente con la destreza ajedrecística! Este resultado inesperado se explica por la correlación negativa entre inteligencia y práctica del ajedrez entre esos 23 “mejores” jugadores.

Ahora bien, aunque no sea imprescindible ser muy inteligente para jugar al ajedrez, lo cierto es que este juego requiere que nuestro cerebro funcione a pleno rendimiento durante una partida.

Las miles y variadas alternativas y combinaciones en una partida de ajedrez exigen un esfuerzo de concentración y atención extraordinarios, pues se trata de un proceso continuado de constante valoración, en donde el pensamiento lógico y las habilidades para la abstracción se entrenan permanentemente, algo que se refleja de inmediato en otras áreas del desempeño de las personas.

El ajedrez ayuda a desarrollar las capacidades de pensar, razonar e imaginar porque se ejerce continuamente la reflexión y el análisis, pero ello puede significar que la inteligencia no se encuentra en relación directa con lo duro que trabaja el cerebro, si no con la eficacia con que lo hace.

Las investigaciones en torno al juego-ciencia indican que ayuda al desarrollo de cinco de las ocho inteligencias señaladas por Howard Gardner (Premio Príncipe de Asturias 2011): lógico-matemática, lingüística, espacial, intrapersonal e interpersonal.

La competencia intelectual es una habilidad necesaria para realizar funciones mentales que nos permite resolver tareas o tomar las mejores decisiones. La idoneidad intelectual se expresa de distintas maneras, por ejemplo la memoria a corto y a largo plazo, el pensamiento creativo o el vocabulario, en donde se destaca la facilidad para aprender nuevas palabras y usarlas adecuadamente.

En un ambiente académico la capacidad intelectual se manifiesta, entre otras expresiones, por la eficacia para mantenerse pensando durante periodos prolongados que exigen elevada atención y comprensión, o en un ambiente laboral, en donde se exteriorizan las habilidades para la concentración y la prontitud para tomar decisiones. Muy claramente en las destrezas que capacitan para ejercer liderazgo.

Daniel Farias Bertot, investigador cubano publicó su ensayo “Impacto del ajedrez en el desarrollo de habilidades intelectuales en niños de 8 a 12 años”.

Los resultados más relevantes fueron: “Los niños después de recibir clases de ajedrez elevaron rasgos de la personalidad, desarrollando habilidades Intelectuales tales como atención y concentración, la observación, la memoria, cálculo y evaluación, razonamiento lógico-matemático y el análisis.”

Farías agregó que “resulta obvio decir que la mejora de todos estos aspectos en el estudiante que practica el ajedrez acarrea un evidente e inevitable incremento en su rendimiento escolar, que se manifiesta no sólo en su expediente académico sino en su grado de madurez personal. También desarrolla valores como disciplina, colectivismo, respeto a reglamentos, leyes y normas de comportamiento y deportividad ante victorias y derrotas.”