EL AJEDREZ Y LA CAPACIDAD INTELECTUAL

Capacidad intelectual

Desde la opinión de Goethe según la cual “este juego es un campo experimental de pruebas para el cerebro”, hasta la diatriba de uno de sus máximos exponente, José Raúl Capablanca, quien aseguraba que para jugar ajedrez no se necesita inteligencia”, de todas maneras en el imaginario popular el ajedrez ha sido visto como un juego para superdotados y para personas con un elevado cociente intelectual. Pero lo anterior no es del todo cierto.

Los diccionarios definen la inteligencia con una lista de aptitudes y habilidades: “Capacidad de entender o comprender. Capacidad de resolver problemas. Conocimiento, comprensión, acto de entender. Habilidad, destreza y experiencia.”

Para los académicos la inteligencia es la capacidad de asimilar, guardar, elaborar información y utilizarla para resolver problemas, cosa que también pueden hacer los animales e incluso los ordenadores.

Pero el ser humano va más allá. Controla y dirige sus operaciones mentales y todas las actividades que manejan información. El ser humano tiene la capacidad de integrar estas actividades mentales y de hacerlas voluntarias, como ocurre con nuestra atención o con el aprendizaje, que deja de ser automático como en los animales para focalizarlo hacia determinados objetivos.

Una definición aceptada de inteligencia dice que es “la aptitud que nos permite recoger información de nuestro interior y del mundo que nos circunda, para responder adecuadamente a las demandas de la vida cotidiana.

Los investigadores Bilalić, McLeod and Gobet en su artículo “Does chess need intelligence? A study with young chess players”, publicado en la revista Intelligence, en septiembre-octubre 2007, analizan la posible correlación entre inteligencia y habilidad para jugar al ajedrez. Estudiaron a 57 jugadores jóvenes tanto con un test de inteligencia, como midiendo sus años de experiencia y sus horas de práctica a la semana. Encontraron que la práctica es el factor más influyente en el rendimiento ajedrecístico, sin embargo la inteligencia es el siguiente factor que influye. Ahora bien, al escoger a los 23 mejores jugadores entre los 57, resulta que la inteligencia no es un factor significativo en los resultados, incluso, parece que ¡se correlaciona negativamente con la destreza ajedrecística! Este resultado inesperado se explica por la correlación negativa entre inteligencia y práctica del ajedrez entre esos 23 “mejores” jugadores.

Ahora bien, aunque no sea imprescindible ser muy inteligente para jugar al ajedrez, lo cierto es que este juego requiere que nuestro cerebro funcione a pleno rendimiento durante una partida.

Las miles y variadas alternativas y combinaciones en una partida de ajedrez exigen un esfuerzo de concentración y atención extraordinarios, pues se trata de un proceso continuado de constante valoración, en donde el pensamiento lógico y las habilidades para la abstracción se entrenan permanentemente, algo que se refleja de inmediato en otras áreas del desempeño de las personas.

El ajedrez ayuda a desarrollar las capacidades de pensar, razonar e imaginar porque se ejerce continuamente la reflexión y el análisis, pero ello puede significar que la inteligencia no se encuentra en relación directa con lo duro que trabaja el cerebro, si no con la eficacia con que lo hace.

Las investigaciones en torno al juego-ciencia indican que ayuda al desarrollo de cinco de las ocho inteligencias señaladas por Howard Gardner (Premio Príncipe de Asturias 2011): lógico-matemática, lingüística, espacial, intrapersonal e interpersonal.

La competencia intelectual es una habilidad necesaria para realizar funciones mentales que nos permite resolver tareas o tomar las mejores decisiones. La idoneidad intelectual se expresa de distintas maneras, por ejemplo la memoria a corto y a largo plazo, el pensamiento creativo o el vocabulario, en donde se destaca la facilidad para aprender nuevas palabras y usarlas adecuadamente.

En un ambiente académico la capacidad intelectual se manifiesta, entre otras expresiones, por la eficacia para mantenerse pensando durante periodos prolongados que exigen elevada atención y comprensión, o en un ambiente laboral, en donde se exteriorizan las habilidades para la concentración y la prontitud para tomar decisiones. Muy claramente en las destrezas que capacitan para ejercer liderazgo.

Daniel Farias Bertot, investigador cubano publicó su ensayo “Impacto del ajedrez en el desarrollo de habilidades intelectuales en niños de 8 a 12 años”.

Los resultados más relevantes fueron: “Los niños después de recibir clases de ajedrez elevaron rasgos de la personalidad, desarrollando habilidades Intelectuales tales como atención y concentración, la observación, la memoria, cálculo y evaluación, razonamiento lógico-matemático y el análisis.”

Farías agregó que “resulta obvio decir que la mejora de todos estos aspectos en el estudiante que practica el ajedrez acarrea un evidente e inevitable incremento en su rendimiento escolar, que se manifiesta no sólo en su expediente académico sino en su grado de madurez personal. También desarrolla valores como disciplina, colectivismo, respeto a reglamentos, leyes y normas de comportamiento y deportividad ante victorias y derrotas.”

 

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